Sobre ciertas películas serie B de los setentas (primera parte)

Playa de Del Mar, California verano boreal 2012¿Por qué te gusta tanto ver esas películas serie ‘b’ o más bien ” ‘v’ corta” de los 1970s y de otras épocas, especialmente las de tramas tipo ‘exploitation’?
Honestamente no sé por dónde empezar, son muchas cosas y atributos las que valoro de esas películas que tanto me llaman la atención y me gusta ver.

O sea, tienes gustos sumamente peculiares en cuanto a cine, y -en general- bien razonados: medio detestas las producciones hollywoodenses relativamente nuevas pero enloqueces con exquisiteces reconocidas a nivel mundial de finísima manufactura y conoces de esas corrientes cinematográficas que marcaron época y tan importantes que tanto te gustan. Pero en el caso de estas cosas de los 1970s con actores virtualmente desconocidos en realizaciones -no de bajo, sino- de ÍNFIMO presupuesto, ¿en verdad te gusta ver esas películas en sí?
No todas. Creo que me gusta más tener la oportunidad de verlas, el hecho de tener acceso a ellas más allá de que no fueron algo tan publicitado o conocido de manera que se hayan reeditado acompañadas de tremendas campañas de mercadotecnia. Me gusta el tener acceso a ellas, valoro mucho ese hecho, pues en la época que fueron exhibidas en cartelera tal vez no llegaron todas esas películas a mi país o no tuve edad para verlas. Me fascina también el poder ver hoy en día esas producciones con todo lo que sus contenidos conlleva: una producción de bajo presupuesto, a veces un poco pretenciosa, vestuario de la época, efectos especiales muy rústicos y a veces pésimos, los modales y/o lenguaje corporal de la época, la estética, el tema exploitation con el que pretenden brindarle cierto atractivo. Sé más o menos qué esperar de este tipo de películas y obvio hay de todo en cuanto a tramas, actuación y elenco de manera que algunas me gustan más que otras y existen las que definitivamente terminan no gustándome nada. Contemplo que tal vez las más pero más malas -hablando desde un punto de vista que considera ciertos conocimientos incluso históricos de la cinematografía universal- son tan malas que este mismo atributo las hace buenas en cuanto a que son dignas de verse una y otra vez para reír y disfrutar.

¿Qué diferencia tiene para ti ver -por ejemplo- una película nueva, que actualmente esté en cartelera o que estuvo en salas de cine hace menos de un año respecto a las películas esas viejas que te gusta ver?, porque también sé que si te enteras que en determinadas salas de cine exhiben películas antiguas, eres el primero en formarte para comprar tu entrada (como con “Amarcord”, de Fellini, en el Ken, de San Diego). O sea, ¿por qué es tan emocionante y en determinado momento gozan del enorme privilegio de tu preferencia sobre las películas con actores más conocidos?
Hay muchos factores. Por ejemplo: en las tramas de antes no había telefonía móvil… o sea teléfonos celulares ni comunicación por radio; bah, conocí gente que tenía walkie-talkie pero era nada común; y hoy en día (mayo 2014) si pones a un pibe menor de 25 años a ver una película -ni siquiera d’estas-, cuya trama acontece en épocas contemporáneas anteriores a los mediados de los 1990s y en los momentos críticos el hijo/a de puta te sale con la pavada de que, “¿¡¿¡¿y por qué carajo no le avisó por el teléfono celular que ahi iba en camino y así sí se hubiesen encontrado?!?!?!” Entonces, a mí, que -salvo raras excepciones como el Spaghetti Western– no me gusta ver tramas situadas en contextos de antigüedad (o sea que para que yo vea la película, pues debe estar situada en épocas donde ya hay electricidad doméstica, autos, etc.), las películas hechas en los 1970s me transportan a un tiempo que de alguna manera yo también viví. Difícilmente podría decir que en situaciones en las que yo también me encontré, porque yo era muy chico en esa época. Por ahi algunas de las películas tipo exploitation narrarían cosas que viví más grande o las vi de cerca, pero sin duda no durante lo que me correspondió de los 1970s. ¡Jajaja! Es como ser un adolescente, y descubrir en una lectura que en 1978 los Sex Pistols se embarcaron en un tour por nuestro continente, mismo que sería el final de sus días durante esa etapa (más allá de las reuniones en 1996 y posteriores) y decirle a algún amigo o mínimamente pensar para sí: “¡’Uta madre, en 1978 yo ya existía y me perdí a los Sex Pistols de gira! ¡No puede ser!”; ya después uno recapacita, hace un poco de memoria y recuerda que para esos entonces, lo de uno era más bien la obra completa de Francisco Gabilondo Soler “Cri-crí”, los triciclos de plástico, dilemas como no poder dormir creyendo que tal vez siniestros monstruos habitan debajo de la cama, Chabelo, “Burbujas”… y los contemporáneos de otro hemisferio / continente contarán que para ese entonces estaban enganchados con Gaby, Fofó Y Miliki y no escuchaban mucho más allá de eso, Torrebruno a lo mucho… Me gustan esas películas tal vez porque hoy en día en que quienes estamos en esto (“esto” es la música, el espectáculo, la labor creativa, el arte, la producción audiovisual, el cliché conocido como “el medio”, los medios… mínimamente quienes utilizamos la abstracción como materia prima para llevar a cabo nuestro trabajo, toda esa vaina…) hemos perdido el contacto con mucho de la realidad, y/o tal vez hemos perdido la capacidad de sorpresa respecto de muchas cosas. Entonces ver esas películas con efectos especiales tan deficientes me brindan una conexión con cierta inocencia colectiva generacional de la época. El hecho de no saberlo todo, de que el acceso a mucha información que teníamos en ese entonces -como sociedad- era muy limitado como no entraras en alguna biblioteca -y eso si es que no te perdías en una o no sabías cómo buscar y conducirte-; por momentos me hace recordar también un sin fin de mitos urbanos. Esa conexión con cierto pasado es muy importante; leí de gente famosa (por ejemplo una ex-presentadora de TV, ex-modelo señorita algo, quéséyo, creo que oriunda de Zacatecas) que cuando quería relajarse, obtenía un libro con dibujos para iluminar y hacía esto con crayones. Me contaron también que cuando hacen luego reuniones de trabajo en algunas divisiones de la empresa de Walt Disney, que para todo lo que comunican de forma no verbal se asisten de papel y crayones para expresarlo, no de artilugios como “presentaciones”, “pagüer points” y todas esas mamadas tan útiles que nos ha brindado la modernidad reciente de aprox. 20 años a la fecha, que el hecho de utilizar crayones a estas alturas establece una reconexión con la creatividad desarrollada durante esas etapas de la infancia en que se usan los crayones normalmente.

tapa 32 drive thru classics ¿Qué detalles particulares te llaman la atención de esas películas?
Los modos de los personajes, el lenguaje corporal de la época, la estética personal, los gestos, el contexto, todo ello… A veces, no sé, hasta esos ‘stills’ como pretendiendo brindar cierto dramatismo, a veces los stills o ‘freeze-frames’ (se congelaba la imagen, pues) eran como tirando hacia el final de la película o en puntos cruciales de la trama; tal vez esos freeze-frames empezaron a hacerse en Hollywood en películas de más presupuesto y repartos más finos (igual para series de televisión) y los realizadores de serie B adoptaron ese recurso como estándar, sin saber que se convertiría en un cliché; y de alguna otra manera, de haber tenido estas producciones un mejor fin y destino, hoy en las escuelas de cine se hablaría de esos freeze-frames de la misma forma en que se habla del ‘corte directo’ presente en diversas producciones de la Nouvelle vague (Goddard, Truffaut, et al). Además, en esa época todavía se editaba el cine como montaje cinematográfico, nada de que lo hacían con la compu y que’l Final Cut y que la que lo remil parió, tal como es ahora… bueno, “ahora” desde hace ya más de 15 años. Cuando se proyectaron en cine esos primeros tres episodios de “Star Wars”, me comentaba un amigo que ha trabajado en cine que, parte de lo grandioso de las primeras películas realizadas de dicha saga (o lo que ahora conocemos como “episodios 4, 5 y 6”) eran los efectos especiales, la forma en que se las ingeniaban, y que esta actualidad de que todo está generado por computadora, pues, pues que se nota mucho todavía que es computadora y pierde cierto realismo. Ahora que volvió esta manía de hacer películas de superhéroes -nada nuevo-, recuerdo haber visto una de Spider-Man circa 1977 donde no había efectos por computadora y todo trataba de hacerse lo más real posible; no había secuencias irreales del quía revoleado por los rascacielos, ni mucho menos, pero aún así se hacía un esfuerzo tremendo por hacer todo lo más realista posible, o había más guión como para orientar la atención más en la trama que en los efectos especiales tan rústicos.

El colmo es que, en caso de que buscásemos algo parecido a esas películas pero en nuestro contexto (o sea en castellano y en cualquier país de habla hispana), pues al menos en México sé que en producciones equiparables han aparecido actores más conocidos que han logrado vivir de esto, amén de cuando han participado en televisión. O sea los Alfonso Zayas, Luis de Alba, Pedro Weber, etc. son “household names” al menos en México y para el público de origen mexicano en otros países, a lado de los mundialmente desconocidos que aparecen en muchas de las películas que te gustan de los 1970s producidas en EE.UU. ¿O acaso hay películas de esas con artistas que hayan sido famosos?
Concretamente en el caso de la colección mercadeada como “clásicos de autocinema” habrá actores medianamente conocidos como para contar con una sola mano, y sobran dedos (y conste que son un total de 32 películas). Pero en efecto sí hay actores que recuerdo de varias películas tal vez no tan extremas como la de esta colección en cuanto a los valores de producción de serie B, pero que sin duda no eran producto de Hollywood (aunque así lo creí en un principio y durante muchos años), sí de esa época, y trascendían el estatus que conocemos como “actores de culto” o “películas de culto” porque lo de ellos fue simplemente masivo.

¿Cómo quiénes o qué películas?
Bud Spencer y Terence Hill. Olvídate de los títulos, pues más allá de que sus primeros trabajos relativamente conocidos -cada uno por su cuenta y poco después cuando empezaron a trabajar juntos- fueron Spaghetti Western (otra de mis obsesiones que valdría la pena considerar como tema en una próxima ocasión), en todo el mundo de habla hispana o al menos en México (donde tradicionalmente se estilan pésimas prácticas burocráticas y comerciales para traducir títulos de producciones extranjeras) los títulos de las películas que protagonizaban intercambiaban en sus títulos las palabras “dos”, “pícaros”, “policías”, “superpolicías”, “motorizados”, “superpícaros”, “a toda velocidad”, “puños”. Recuerdo en particular que yo los conocí por sus comedias de acción en las que ellos integraban un dúo tal cual de detectives o policías de algún tipo.

bud spencer terence hill altrimenti chi arrabbiamo

¿Cómo los descubriste a Bud Spencer y Terence Hill?
Cuando yo tenía alrededor de cinco o seis años, creo que la mayoría de películas que vi protagonizadas por Bud Spencer y Terence Hill fueron en la compañía de unos primos de mi madre (o sea técnicamente mis tíos) que -debido a que estaban más cerca de mi rango de edad que de la edad de ella- más bien parecían mis primos. Nos llevaban al cine mi madre y mi tía -la madre de ellos-, y en total éramos seis menores (ellos eran tres varones y dos señoritas). Debo hacer notar que esto fue al menos unos 15 años antes de que en México hubiese estas cadenas de cines con butacas nuevas, en buen estado, baños limpios, sistemas de boletaje electrónico e incluso vía telefónica y on-line, dulcerías bien atendidas y todo ese corporativismo de que al quía que te atiende en la confitería lo monitorean todito y trae un auricular y micrófono con el que se aseguran de que le diga al cliente -cuando tiene el atrevimiento de pedir ÚNICAMENTE una bolsita de palomitas/pochoclo/maíz tronado/rosetas de maíz- “por $XX más se lleva el combo que incluye tal soda y tal caramelo”, y ahi va el cliente, saca la billetera, revisa y accede “okey, dame el combo tal”, y el quía vuelve a repetir -como dice LaVolpe– con que le falta poquito para el combo mediano y finalmente replica con lo que falta para el combo más grosso y que cuando el cliente paga, dice “recibo 100″… o 50, 200… qué más da, lo que le hayan dado, pues, para que quede registrado en la grabación; encima, todos los precios de los dulces así como las entradas al cine son más caras porque la intención era atraer a esa clase media tan cómoda con la VHS, DVD y TV de paga que se largó del cine a partir de algún punto de los 1980s considerando que los cines independientes así como aquellos que pertenecen a los Ramírez eran una porquería donde en la compra de una bolsa de pochoclo/palomitas -o como se les cante que las quieran llamar- regalaban un palo con una tachuela para matar a las ratas. Pero gracias a esas nuevas cadenas fue que los Ramírez empezaron a sentir presión para ponerse a la altura y se pusieron las pilas para dar mantenimiento a sus salas, crear salas VIP donde se puede chupar antes, durante y después de la función (además de ingerir bebidas alcohólicas) y me contaron que hasta tienen ya unos palcos donde el ujier -puta madre, qué palabra tan chingonamente elegante, “ujier”- le indica a las parejas así de plano “mire, nomás no se permite coger aquí… que disfruten la película”, o algo así me contaron. De hecho, la sala más bonita de los Ramírez es un Cinépolis ultra recontra archi mega VIP que se encuentra en un centrito comercial entre Carlsbad y Del Mar, pero por adentro, no de lado de la costa, que seguramente la misma familia mandó poner ahí para tener su caja chica y una sala linda de cine a dónde asistir cuando seguramente optan por veranear en la casa de La Jolla, acá nomás en San Diego Maradona, California.

Te recontrafuiste al recarajo respecto al tema que estábamos tratando…
Sí, ya sé, me chupa un güevo. Era el momento apropiado para hablar detalles más, detalles menos del antes y el ahora respecto a acudir a una sala de cine comercial en México… Ahora voy a continuar con la experiencia de ver películas de Bud Spencer & Terence Hill con mis tíos…

De acuerdo…
Tal vez en comparación con la forma en que se me trató y educó, podría decir que el trato y educación que recibían ellos en su casa por parte de mis tíos (o sea mis tíos abuelos) era algo más estricto que en mi casa (no digo que malo ni indebido, simplemente con mayor cumplimiento de algunas reglas, tal vez, o ellos eran más obedientes que yo), de manera que cada vez que mi madre -a la fecha- narra esas salidas al cine, ella cuenta que mis tíos reían poco al principio de la película, pero cuando veían el desparpajo con el que yo me descocía a carcajadas en la sala de cine, pues de alguna forma se, ¿desinhibían?, y en algún momento ellos ya también reían a carcajada suelta. Y bueno, podríamos decir que esas películas de Bud Spencer y Terence Hill eran de golpes y de personajes intrépidos cometiendo actos inverosímiles, un sinnúmero de gags que tenían que ver con alcanzar a malhechores y darles su merecido; y en ese entonces, más aún leyendo que los protagonistas tenían nombres anglosajones, yo pensaba que eran películas yanquis. Pocos años después de eso emigré con mi familia a la frontera y de alguna forma me olvidé de ellos y ni siquiera cuestionaba por qué demonios no veía películas con ellos en las señales de TV originadas en Estados Unidos que se captaban donde radicamos. El tema es que en sus películas pues había mucha música original que sonaba como el pop de la época, en inglés y con sus diversos moods y de alguna forma constituyeron para mí -y para algunos contemporáneos con quienes hemos hecho reminiscencia del tema- todo un clásico de los 1970s.

balcon piazza del esquilino roma Pero tras la vida en la frontera con EE.UU., ¿¡¿¡¿¡cómo es que te reencontraste con este par de actores y sus películas?!?!?! Me da la impresión -por lo que respondiste recién- que en algún momento tal cual resultaron para ti haber sido olvidados, fin, finito, the end, chaucito, “hasta la vista”, c’est fini… Hasta que seguramente tuviste con ellos un reencuentro fortuito y extraordinario como para percibirlos con una óptica muy distinta, evolucionada quizá.
¡Puff! El reencuentro con Bud Spencer y Terence Hill fue -literalmente- todo un viaje. ¡Bah!, ni siquiera me atrevo a decir que fue un reencuentro con sus películas, la única película que vi de ellos como de principios de los 1980s a la fecha es el Spaghetti Western ese de “Lo Chiamavano Trinità”, que un amigazo del Monroy tuvo a bien obsequiarme hace un par de navidades. La primera vez que estuve en Italia, en Roma visité algún bar -ni me preguntes en qué barrio, yo estaba parando por Piazza dell’Esquilino en la casa que habitaron los padres de un amigo muy querido-; solo recuerdo que había ido yo a conocer primero otros bares en la zona cercana a La Pirámide y luego caminé en otra dirección y llegué a este bar donde en algún momento pusieron una canción que es un tipo dirigiendo a un coro con voces de distintos tonos cantando una melodía pronunciando solamente unas cuantas sílabas. Yo -que no parlo un jocara de italiano- no atinaba a cómo preguntarle al cantinero cómo mierda se llamaba esa canción, sólo me miraba raro con esta pinta de moro que me cargo (y que me ha abierto las puertas del mundo… bueno, las puertas de áreas de revisión especial de varios aeropuertos del mundo). Uno o dos días después de escuchar ese tema en un bar, estuve por primera vez en Napoli (mi ciudad favorita de Europa, debo agregar… casi se me pianta un lagrimón cada vez que recuerdo a Napoli); napoli mary no es que viaje yo para conocer de lleno lo que ofrece la televisión en cada lugar donde me paro, pero pues ya en la comodidad de mi cuarto de hotel una vez hecho mierda de cansancio y tomada la decisión que no saldría más hasta no acumular unas cuantas horas de sueño, fue que incursioné nuevamente en el fascinante deporte del zapping nocturno; pasé por canales de difusión nacional de la RAI, la infame y local TeleGaribaldi con gags y sketches, un canal donde salía una mina en bolas y había un número telefónico para llamar… hasta que llegué a un canal donde estaban proyectando esa secuencia del film “Altrimenti Chi Arrabbiamo!”, la del coro de bomberos, al instante reconocí que era la melodía que escuché en bares de Roma; y resulta que se estaba transmitiendo un programa especial donde el invitado era ni más ni menos que Bud Spencer. En ese momento seguía yo pensando que las comedias de acción que co-protagonizó junto a Terence Hill eran producciones estadounidenses de medio pelo y que simplemente se convirtieron en artistas de culto en Italia y otros lugares de Europa, considerando la popularidad de la melodía del coro; hasta que volviendo a casa tras ese viaje investigué que Bud Spencer y Terence Hill son más tanos que el Amaretto y los fideos y que sus nombres artísticos anglosajones son tal cual nombres artísticos desde la época en que surgieron como actores durante el apogeo del Spaghetti Western.

Conociéndote, debe haber mucho más del cine italiano que goce de tu preferencia y devoción, más allá de este par…
Y ni me digas, por priorizar lo turístico en Roma no me tomé el tiempo de conocer Cinecittà porque me pareció “lejecitos” de la zona principal de la ciudad (nueve km). Bueno, la “conocí” en sonidos cuando en Milán (en el 10 Corso Como, uno de mis lugares favoritos del mundo) empecé a hacerme de varios volúmenes de una colección titulada Beat At Cinecittà, misma que reúne temas de películas pero nada que ver con el tema principal que estamos tratando, sino de la época previa justamente anterior, lo que se hacía de cine en Italia que no era Spaghetti Western, tramas más de ciudad, de alguna forma como que la herencia o la generación post- “La Dolce Vita” y previa a lo más hippie y después groovy de los 1970s. Pero en sí me enloquece la obra de todos esos compositores que participaron tanto del Spaghetti Western como de las demás producciones de Cinecittà: Morricone, Ortolani, Luis Enríquez Bacalov, Micalizzi, y tantos otros. Hay otra colección brutal muy similar que se llama Easy Tempo, d’esas colecciones que da bronca no tener todos los volúmenes (discos) porque la tapa, la cajita, el librito, todo tiene fotos de la época, un diseño majestuoso, haciendo de cada volumen por sí solo una brutal obra de arte.

¿Has visto producciones de Cinecittà de esta época que mencionas?

FIN DE LA PRIMERA PARTE

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