De gira con el CantorPistola: Rockstar #5

CantorPistola y Edu TrípodiUna de las partes más interesantes de ser músico es salir de gira. En un principio es muy emocionante; después de un rato empieza a convertirse en algo rutinario que encierra cierto tedio, especialmente las partes de la gira que no son tocar en directo.

Calla, duerme y piensa, aún queda mucho por andar,
la carretera es tensa y llueve sin parar.
Curvas, baches, bares, perros muertos sin collar,
y la música que tu has traído para recordar

paso la vida, marcando un nueve uno,
cambiando de comida, con mi ropa oliendo a humo…
intentando que la voz, me aguante
hasta el final…
Y ya en el camerino, bebe agua y relájate,
la toalla robada en un hotel,
y los autógrafos que das…
Los técnicos recogen, todo el mundo se ha ido ya,
ya no quedan ilusiones, solo cajas que cargar,
y un camión que espera para llevarte a otro lugar,
donde tocaremos…

“La Carretera” – David Summers

fotografía de Susana LabordePara empezar, los planes de marketing de la cía. discográfica (cuando estas facturaban y tenían relevancia) trabajando en conjunto con el booking (quien agenda las presentaciones del artista) en nuestro país (México… y hablo por muchos otros países de Latinoamérica) son muy distintos a los de otros países donde la industria musical está más desarrollada. Pondré de ejemplo el Wish Tour que realizó The Cure en 1992, en pleno apogeo de la fobia a tomar aviones de Robert Smith. Para mediados de marzo de ese año aparece “High” como primer sencillo, iniciando la calentura para que al aparecer el álbum Wish (21 abril 1992) las ventas del álbum sean aseguradas; un mes después de que se lanza el disco aparece el segundo sencillo, de manera que cuando la gira inicia (principios de junio) muchas de las fechas han sido vendidas ya en su totalidad y en algunas ciudades se agregan segundas fechas. El grupo llega en barco a Nueva York a finales de mayo para hacer una semana de entrevistas con medios a nivel nacional de tal forma que los boletos que quedan por venderse vuelan así como el disco. Después de tocar en Nueva York el grupo y el staff toman posesión de los autobuses acondicionados que los transportarán durante toda la gira, el equipo de audio e iluminación para toda la gira (alquilando un mínimo de equipo en cada plaza donde se presenten) y ya tienen agendados hotel para staff y para músicos en todas las ciudades y con una mano en la cintura se echan mes y medio, dos meses en autobús por todo Estados Unidos incluyendo una escapada para tocar en Monterrey (norte de México), siguiendo una secuencia lógica que primero los hace recorrer la región conocida como Nueva Inglaterra para posteriormente ir a las Pennsilvanyas, los Ohios, Chicagos, bajar a Texas, tomar rumbo de California y el resto de la costa Oeste.

Lamentablemente en nuestro país no es así; a lo mucho se arma una gira de máximo ocho fechas por el Noroeste, o algo por el Bajío que incluye San Luis Potosí, León y si bien les va Querétaro e Irapuato. Me ha tocado ver a la banda más exitosa tocar en Tijuana para al día siguiente tomar un avión al DF y del aeropuerto irse en autobús a Tlaxcala y tocar a 24 horas de haber tocado en Tijuana. Con razón el “Chato” se lastimó la garganta.

foto tomada por Edi, de los LiquitsLas veces que uno se sube a un autobús (acondicionado con literas además de DVD para entretenerse o quedarse dormido) no es del todo como en la película de “Almost Famous”, que de repente todos se ponen a cantar y están muy contentos y “todos somos hermanos”. Lo más importante antes de abordar es asegurarse que esté arriba lo que el grupo lleva como equipo (guitarras, accesorios de batería, teclados, pedales de efectos), del equipaje personal cada quién se hace cargo de lo suyo. Es preciso también aprovisionarse de víveres: algún bocadillo, galletitas para apagar el hambre nocturna, bebidas varias como sodas, agua, jugos (para la mañana, pues las salidas casi siempre rondan la medianoche y la llegada a la siguiente ciudad suele ser de madrugada), obvio que tanto en casos del staff, talento o management no falta un six de cerveza, una botella de vino u otro licor así como… una buena dotación de cigarros, por dejarlo ahí nomás.

Es preciso apañar una buena cama. Estos autobuses suelen contar con entre ocho y doce camas (muy pequeñas, en literas) y no en todas se duerme bien, normalmente en las de más abajo se duerme mejor. Obvio que la prioridad para las camas la tienen los músicos, luego las mujeres (casi siempre una vocalista o manager, aunque suele haber chicas que hacen iluminación, proyecciones, etc. Cuando se viaja con las novias es obvio que comparten cama con su galán), luego staff de alta jerarquía (audio de sala, monitores, iluminación) y finalmente los secres (quienes cargan, montan y desmontan el equipo, por su labor deberían ser los segundos en jerarquía de obtener cama). Quien ya se la sabe, va directo a su cama y no se preocupa por andar en el pasillo conviviendo con el resto, averiguando qué música se va a escuchar, qué película vamos a ver, etc. Cuando no tienes nada de pendientes al otro día (promoción, entrevistas, etc.) no tiene nada de malo acabar jetón en una silla habitual de camión.

Chachi Lorenzo y Pablo Rodríguez, 2003Otro tema: el entretenimiento. Cuando todos quieren ver películas no hay reglas, pero suele ser así: los vocalistas/letristas traen una de Almodóvar, David Lynch u otro artista conceptual; los músicos, ingenieros de audio o miembros del staff que han sido músicos votan por ese concierto de Paul Simon con su manga de músicos africanos y sudamericanos; y los percusionistas y secres piden a gritos una buena porno o mínimo una de balazos. Cuando la cuestión es qué escuchar, alguien trae un nuevo disco que logra generar interés en todos, están los clavados que traen material de algún instrumentista de jazz sumamente profundo (si es downbeat puede arrullar bien) y a veces hay quien trae un demo de una banda nueva que causa expectativa en más de uno. Si el menú de audio no apetece, recurrimos a los expertos: viajar con walkman, discman o reproductor de audio digital para escuchar en privado algo para dormir.

Fotografía tomada por Daniel AlósSi son varios los que no pueden dormir, hay actividades como jugar a las barajas (prefiero el dominó, pero la estructura del interior del autobús no lo favorece, además de que no todos saben jugar), y cuando viajas con argentinos se pudre todo si traen su baraja española para jugar al truco, nunca entendí la baraja española.

Habitualmente son viajes cortos, pero cuando se logran hilar fechas coordinadas de manera que te estás mínimo dos semanas fuera en distintas ciudades en eventos bien secuenciados, depende de muchas cosas que sea un viaje fascinante como para no olvidar… o una pesadilla.

En viajes extensos hay que armarse de paciencia y artificios para que sea lo menos desagradable posible. Son varios temperamentos, personalidades y egos conviviendo día a día y lo menos que resulta es cansado. Lo más saludable son las dinámicas anti-estrés, que suelen ser estúpidas pero efectivas en contra del tedio.

Las dinámicas anti-estrés son múltiples, aún no hay un manual sobre ellas, todo depende de la ocurrencia del crew completo. Las cascaritas (o picaditos) no suelen ser frecuentes a menos que en medio de la gira haya días libres en los que se cuente con estámina suficiente para correr y patear la pelota, por lo que quedan descartadas; además de que éstas ocurren una vez que se llega a alguna ciudad, no son parte en sí de trayecto alguno.

Estas dinámicas cobran vigor y se valoran abordo de un vehículo en movimiento. No recomiendo el juego del “no mames”*, no siempre se tiene confianza para jugar con el chofer del autobús. Una buena rutina para principiantes es ir de ciudad en ciudad observando a los crews locales y encontrar a personas que se parecen a gente notable/famosa o a gente que el crew viajero conoce y reírse de estos parecidos; je, así van surgiendo los apodos.

Camarín del Pasagüero>Avanzando, tenemos los falsos acentos con anécdotas semi-verídicos. Esto comenzó después de devorarme un libro sobre The Smiths y relatarle a Urkel sobre el truene del grupo mancuniano, pasa que los “diálogos” que yo relataba entre Morrissey y Mike Joyce los hice con acento del Noroeste, pues yo había regresado recién de una estancia en Tijuana, por lo que a Urkel le resultó hilarante imaginar al cantante y al baterista británicos hablando como norteños (aunque de hecho son norteños: del norte de Inglaterra)… Más divertido aún es cuando un músico o staff argentino te relata en su acentazo la discusión que escuchó sostuvieron los integrantes de una banda de Ciudad Neza, cargado de frases tipo “… entonces el quía les dice: ‘miren, güeshes, conmigo no se jode’ o algo así, pero en mexicano…”. Una difunta amiga cantante y actriz le encantaba hacer relatos mezclando acentos tapatío con castizo (era fan de Almodóvar).

Cuando el tedio comienza a imperar, una buena solución es cambiarse de nombre; todo empieza cuando alguien le dice al otro “tú tienes cara de Mauricio” (aunque se llame Antonio), “y tú de Héctor” (le replica a Érick). El juego se extiende al registrarse en el hotel con nombres falsos, incluso de difuntos onda “M. Bolan, habitación 302”, “J. Ramone, suite 5”. Esto tiene gracia cuando uno ya es famoso y no desea que cualquier fanatiquete o groupie lo moleste a uno llamando a su habitación, dejando así el verdadero rooming list al personal manager y staff indicando a quiénes se les puede decir quién está en qué cuarto; pero si se trata de artistas apenas en ascenso se dejan los nombres verdaderos, pues no sabes si al hotel irá a buscarte un músico de prestigio que se encuentra en la misma ciudad y quiere darte una mano o conviene pegársele para obtener algún favor; tal vez te busque alguien de un periódico u otro medio local para hacerte una buena nota con foto y darte más exposición.

Y mi favorito, el juego de las falsas referencias, ideal para transporte en tierra de larga distancia. Consiste en dar falsa data respecto a las ciudades que uno va pasando, como ejemplos tenemos a “Hermosillo, la bella airosa”, “la tres veces heroica Navojoa”, “Mochis: capital mundial de la samba”, “Mazatlán, puerta de la riviera maya”. Y encima se agregan atributos onda “En Obregón -la cuna del rugby-, la etnia local son los tarahumaras, la danza típica es la zandunga, el vestido tradicional el traje de tehuana y se acostumbra comer gazpacho”.

Ya en el delirio, el recurso es el camp. Para los no iniciados, digamos que el camp es

“una visión del mundo en relación con el estilo, pero una clase particular de estilo. Es la afición por lo exagerado, lo erróneo, las cosas que son lo que no son… El camp lo ve todo entre comillas… Percibir lo camp en objetos y personas es entender el ser como representación de un papel. Es la máxima extensión de la metáfora de la vida como un teatro”**

Si se necesita un ejemplo, digamos que llegando a una ciudad uno se instala en un hotel y está tan hastiado que cuando suena el teléfono de la habitación y probablemente es alguien del staff o compañero del grupo, se le atiende onda secretaria, trátese de lo que se trate… “sí, ¿digaaa?” (con tono de secretaria, el vil cliché)… “el licenciado no está pero le tomo su recado… sí, ajá… que armaron un porrito en la habitación 104…” (hasta las tramperías deben tratarse con seriedad) “… sí, con gusto yo le doy su recado para que el licenciado acuda a la reunión, arquitecto, ¡hasta luego!” Es que en giras extensas llega un punto en el que uno está harto de entrevistas, transporte, compañeros de grupo, staff, manager y hasta de ser el personaje que es uno mismo y no queda otra sino improvisar como cualquier puesta en escena, y créanme que es más divertido verlo aplicado que leerlo.

fotografía tomada por Mateo Rafael TabladoEn etapas terminales de una gira se diagnostica fácilmente el desgaste: quienes prometieron mantenerse sobrios a final de cuentas terminaron haciendo un papelón en el pasillo del autobús porque después del penúltimo show se pusieron ebrios, y justo ese día en el que no dormiríamos en esa ciudad, que terminando abordaríamos el autobús para llegar rápido a la siguiente plaza, por lo que el viaje se convierte en un martirio hasta que el ebrio termina dormido en un sillón común. O quien en las mismas condiciones de ‘autobús al terminar el show’ por fin se levantó a una groupie y no tuvo mejor lugar que el vehículo para follársela; esto equivale a que nadie puede subir al hasta que las tramperías no culminan; cuando la chica sale del camión ruborizada pero con una sonrisa de oreja a oreja afuera espera el resto del crew, quienes no pueden disimular no mirarla y luego suben al transporte con algarabía mediante gritos, silbidos y otras expresiones hacia el “ganador” en cuestión, quien también esboza una sonrisa picaresca así como cierto rubor en su cara al tiempo que se pone nuevamente sus prendas.

Cuando los artistas son acompañados por -mínimamente- la novia de uno sólo, las cuestiones de las groupies deben ser llevadas a cabo con muchísima discreción, pues no falta que la novia que vio al novio de alguien más haciendo de las suyas con otra chica abra la boca y cuente lo que vio, aunque no haya pasado nada.

Tengo la intención de contar anécdotas aislados de diversas giras, pero de momento ya vamos de regreso a casa y la cabeza no me da para acordarme de ninguno. ¿Que si tan mal me siento? Esto no es nada, es una gira, es para lo que se supone que me dedico a la música, me gusta… después de llegar a casa al otro día tenemos playback en televisión, eso SÍ que me hace sentir mal.

* El juego del “no mames” consiste en que en algún momento alguien le tapa los ojos al conductor, el primero en el vehículo en gritar “¡no mames!” pierde.

** Susan Sontag, “Notes On Camp”.

Nota del editor: CantorPistola ha disfrutado las giras en las que ha estado, pero ahora no le apetece mucho la idea de salir de gira.

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