Discoteca después del show

Clientela una noche de viernes en El Naranjito, Tlalpan, 2003 Una de áfteres y aferráfteres, esta ocasión el CantorPistola nos describe algunas escenas sucedidas en repetidas ocasiones en diversas discotecas en la misma noche de algún recital.

Disco baby disco!
when you’re dying in your bed.
disco baby disco!
when you’re crying in your head.
disco baby disco!
you don’t know rock and roll.
disco baby disco!
is gonna satisfy your soul…yeah!

“Debede” – Sumo, en la voz de Luca Prodán

Es con frecuencia, especialmente al tocar en ciudades distintas a donde radicamos, que al terminar el show somos invitados a una discoteca por el promotor del evento, algún amigo que tenemos en esa ciudad o por admiradores cercanos. A veces las giras son tan extenuantes que no da para otra cosa que hotel, baño y cama al terminar el show; pero más de las veces aceptamos invitaciones, es interesante explorar la noche en otra ciudad, por aburrida que pueda ser.

El Naranjito: restorán de día, bailanta de nocheEs raro que nos lleven a un lugar interesante, casi siempre nos llevan a discotecas horrorosas que son iguales en todos lados y encuentras siempre al mismo tipo de gente. Cuando tenemos conocimiento pedimos nos lleven a un lugar con un interés particular: puede ser un antro de quinta categoría muy intenso, un lugar donde nos dijeron que tocan tríos o algo exótico, o un lugar donde haya música en vivo y capaz que nos invitan a palomear (en la frontera dicen jammear, el término correcto es ‘improvisar’) y tenemos ganas después de la retroalimentación de energía que implica un show en vivo.

Normalmente acabamos en una discoteca. La misma rutina: caravana en la entrada, los colados que también entran gratis sumados a nosotros, meseros apurados largando a alguien de una buena mesa para darnos un lugar ‘preferencial’, tal vez una botella o unos tragos de cortesía si se ve espléndido el gerente. Es todo un alucine ir a una discoteca cuando recién salió tu disco nuevo y la compañía disquera hace lo posible por ponerte hasta en la sopa, gente que normalmente no escucha tu música te reconoce y se amontona para pedir un autógrafo o tomarse una foto contigo. Cuando te conocen a ti y a tu música no hay problema, pero en las discotecas mucha de esa gente ni siquiera te ha escuchado con atención y aprovecha el momento porque eres famoso. Ya trataré esto más adelante.

Algo espantoso: por el compromiso de tu presencia, el ocurrente disc-jockey abre su micrófono y menciona que tal grupo o artista está en las instalaciones. Y se pudre todo… quienes faltaban de enterarse ahora lo saben. Si en un principio se acercaron a la mesa personas con cierto interés y curiosidad e incluso una “buena onda” general, este llamado a las multitudes atrae a la gente que no conoce o ni le gusta tu música, o gente a la que le caes mal: desde el típico ignorante que sólo te ha visto en algún medio visual y por ninguna razón en específico te detesta, hasta el inseguro cuya novia gusta de escucharte o le pareces “guapo” y el tipo se siente celoso de alguien a quien difícilmente tendrá acceso su novia y va a echártelo en cara cuando tiene la oportunidad. Esto puede ser desde un acercamiento tipo broma, pero puede extenderse a provocaciones e incluso agresiones –especialmente si el sujeto en cuestión está ebrio o intoxicado de otra manera- que pueden terminar en batalla campal así como una salida de la discoteca en persecución por la puerta de atrás, no precisamente huyendo de fans histéricas como en las películas de los Beatles.

A unos amigos les ocurrió por Sinaloa que el disc-jockey de la discoteca después de abrir el micrófono y saludarlos empezó a poner música de Ana Gabriel (oriunda de dicha provincia) y a decir tontería y media. Una vez es broma, pero el tipo persistió, de manera que el asunto terminó al borde de los golpes entre el grupo y su staff contra el DJ y empleados de la discoteca. Afortunadamente unos cuantos seguidores del grupo que estaban en la discoteca se solidarizaron y todo terminó sin un sólo golpe.

Fiesta de disfraces por el día de las brujas en Baby Rock, 1994 En el mejor de los casos, lo que puede pasar en una discoteca es que pongan buena música, que el DJ permita al artista traer algún disco, conectar su reproductor de mp3 o husmear por los discos que tengan en el antro y le permita poner música durante un rato y poco después, con suerte, ligarse a alguien.

Me encantaría seguir escribiendo sobre las discotecas, pero por ahora me están pidiendo muchos autógrafos y no tengo escapatoria.

Nota del editor: CantorPistola rara vez asiste a discotecas, cuando lo invitan al menos intenta pasarla muy bien.

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